Hoy, día 16 de octubre, se celebra el Día Internacional de la Alimentación. Una fecha proclamada por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), coincidiendo con su fecha de fundación, el 16 de octubre de 1945. La finalidad de este día es concienciar a todos los pueblos del mundo sobre el problema alimentario mundial sin embargo, fortalecer la solidaridad en la lucha contra el hambre, la pobreza y la desnutrición.

El anterior propósito coincide con uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para alcanzar hasta el año 2030, concretamente el ODS 2.

ODS 2: PONER FIN AL HAMBRE

El objetivo que persigue este capítulo de la Agenda 2030 es poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible poniendo el foco principal en los grupos más vulnerables, como son la infancia, las mujeres y las personas mayores. Acabar con el hambre y todas sus formas de malnutrición constituye una de las grandes metas a alcanzar más urgentes y generalizadas en materia de desarrollo.

Un propósito que detrás esconde unos datos alarmantes, estas son algunas de ellas: Hoy día 1 de cada 9 personas no tienen suficiente para comer (alrededor de 815 millones de personas en el mundo), 821 millones sufren desnutrición -la mayoría de estas son mujeres-, 155 millones de niños sufren malnutrición crónica y pueden sufrir los efectos del retraso del crecimiento durante toda su vida. La malnutrición causa el 45% de las muertes en los niños menores de cinco años, 3.1 millones niños cada año.

Un día como hoy es muy necesario recalcar la importancia de este ODS en el panorama mundial, ya que el hambre extrema y la desnutrición siguen siendo un obstáculo enorme para el desarrollo sostenible. Causan que las personas sean menos productivas y más propensas a sufrir enfermedades, por lo que no suelen ser capaces de aumentar sus ingresos y mejorar los medios de vida. Como se ha apuntado anteriormente, alrededor de unos 821 millones de personas sufren desnutrición en el mundo, la gran mayoría de ellas se encuentran en países desarrollados.

Los datos que se han anunciado son datos inaceptables en el planeta Tierra, ya que es capaz de producir lo suficiente para alimentar a toda la población. Las malas prácticas de recolección y desperdicio de alimentos (más de 1.000 millones de toneladas de alimentos cada año) que contribuyen a la escasez de alimentos, junto con la degradación de los suelos, el agua y el medio ambiente y , los efectos del cambio climático, son algunos de los factores que generan hambre y pobreza. Sin embargo las guerras han afectado negativamente a la disponibilidad de alimentos y han provocado la destrucción del medio ambiente, que es fundamental para cultivar cultivos. La tarea de poner fin al hambre de cara al 2030 implica promover prácticas agrícolas sostenibles a través del apoyo a los pequeños agricultores y el acceso igualitario a la tierra, la tecnología y los mercados. Además, se requiere la cooperación internacional para asegurar la inversión en la infraestructura y la tecnología necesaria para mejorar la productividad agrícola. Se necesita cerca de 267.000 millones de dólares para invertir en zonas rurales y urbanas y en protección social, con el fin de que las personas con menos recursos tengan acceso a los alimentos y la oportunidad de mejorar su calidad de vida.

Faltan diez años para alcanzar la Agenda 2030, hay que unir fuerzas entre países y empresas, instituciones y particulares para obtener sistemas alimentarios sostenibles y no dejar a nadie atrás. Los ODS son de carácter global, un mundo con cero hambre es una pieza clave de la construcción de un futuro mejor para todos, influye positivamente en la economía, la salud, la educación y el desarrollo social general. Desde las Naciones Unidas se invita a la población a colaborar al Movimiento Mundial, participando en la iniciativa "El Reto de Hambre Cero" (www.zerohungerchallenge.org).