Hoy, 22 de marzo, se celebra el Día Internacional del Agua. El principal objetivo de esta fecha es crear conciencia en la población mundial sobre la importancia de cuidar este líquido esencial para la vida de todos los seres humanos y especies del planeta Tierra. El Día Internacional del Agua fue proclamado por la ONU en 1992, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre medio ambiente y desarrollo, realizada en Río de Janeiro.

El presente propósito coincide con uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para llegar hasta el año 2030, concretamente el ODS 6.

ODS 6: AGUA LIMPIA Y SANEAMIENTO

El objectivo que persigue este ODS es garantizar la disponibilidad, la gestión sostenible y el saneamiento del agua para todos y todas. El acceso al agua, saneamiento e higiene es un derecho humano, pero aun así, miles de millones de personas siguen enfrentándose a diario a numerosas dificultades para acceder a servicios tanto elementales como este. Hoy en día, el agua está muy amenazada por el crecimiento de la población mundial, las crecientes demandas de la industria y la agricultura y, el empeoramiento de los impactos del cambio climático.

El agua en cifras: en 2015, el 71% de la población mundial, 5.200 millones de personas, tenía agua potable administrada de forma segura, pero 844 millones de personas de todo el mundo no tenían agua potable básica. El 39% de la población mundial, 2,9 mil millones de personas, en 2015, tenía un saneamiento seguro, pero 2,3 mil millones de personas aún no tenían un saneamiento básico. Además, 892 millones de personas practicaron la defecación al aire libre. El 80% de aguas residuales se vierte en vías fluviales sin tratamiento adecuado. El mundo ha perdido el 70% de sus zonas húmedas naturales en el último siglo.

Las enfermedades relacionadas con el agua y el saneamiento siguen estando entre las principales causas de muerte en niños y niñas menores de cinco años, más de 800 menores mueren cada día por enfermedades diarreicas asociadas a la falta de higiene. La Agenda 2030 quiere alcanzar el acceso universal y equitativo al agua potable, saneamiento, higiene adecuada y acabar con la defecación al aire libre. Mejorando la calidad del agua al reducir la contaminación y las aguas residuales no tratadas y aumentando el reciclaje y la reutilización. Además quiere promover la eficiencia en el uso del agua y la gestión integrada de los recursos hídricos y proteger y restaurar los ecosistemas relacionados con el agua.

Para lograrlo se debe prestar especial atención a las necesidades de las personas en situaciones de vulnerabilidad, ampliar la cooperación internacional y fortalecer la participación de las comunidades locales en la gestión del agua. Cumplir con este objetivo ayudará a progresar en los demás. Hay suficiente agua dulce en este planeta para que todas las personas tengan sus necesidades cubiertas. Un estudio elaborado por el Grupo Banco Mundial, el Fondo de las Naciones Unidas para la infancia (UNICEF) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que la ampliación de los servicios básicos de agua y saneamiento a las poblaciones desatendidas tendría un coste de 28.400 millones de dólares al año entre 2015 y 2030. Es decir, el coste de no corregir la trágica problemática sería enorme, tanto para las personas como para el economía.

Una gestión eficaz y sostenible de los recursos hídricos es indispensable para una vida digna y para la sostenibilidad del planeta.